
Un oasis en el desierto. Juan Crettón y su historia con Huacachina
Después de superar una enfermedad, Juan Crettón emprendió junto a un amigo un viaje de 30 días por Perú. Huacachina, un destino que no estaba en sus planes, terminó convirtiéndose en una experiencia inolvidable.
El viaje nace después de un momento muy particular de su vida. Juan cuenta que estaba terminando un tratamiento por leucemia cuando un amigo le propone que, una vez finalizado, se fueran de viaje. Así surge la idea de recorrer Perú durante aproximadamente un mes.
Se definían como “mochileros”, aunque no hicieron el típico viaje exclusivamente a pie y con bajo presupuesto: la mochila era más bien la forma de llevar el equipaje. Se movieron en avión, tren, buses y distintos transportes.
Comenzaron por Lima y siguieron hacia Machu Picchu. Juan aclara algo importante: por su estado físico después del tratamiento no estaba todavía en condiciones de afrontar el recorrido más exigente, por lo que eligieron una alternativa más corta para llegar.
Después continuaron hacia Puno y el lago Titicaca, conocieron las islas de los Uros y cruzaron hacia Bolivia, pasando por Copacabana y la Isla del Sol, donde incluso pasaron la noche.
Regresaron hacia Perú y siguieron a Arequipa, ciudad que Juan destaca especialmente por su riqueza cultural. Desde allí fueron a Nazca para sobrevolar las famosas líneas. Esa experiencia tuvo un pequeño contratiempo: Juan se descompuso durante el vuelo y reconoce que no pudo disfrutarla al ciento por ciento, aunque igualmente la recuerda como extraordinaria.
Y aparece Huacachina
Lo interesante es que Huacachina ni siquiera estaba en el itinerario original.
Cuando ya estaban pensando en regresar hacia Lima para continuar posteriormente hacia la selva, un joven que los acompañaba les recomendó conocer un lugar que estaba muy de moda y que ellos no tenían previsto visitar.
Así llegaron a Huacachina, muy cerca de Ica.
Y ahí cambia el relato: Juan describe un oasis rodeado por enormes dunas, con palmeras, bares y hoteles, en medio de un paisaje completamente diferente a todo lo que venían recorriendo.
Cuenta que algunos hoteles tienen una estética y un ambiente casi “caribeño”, con piscinas y espacios preparados para pasar las horas de mayor calor. Según su impresión, es un destino particularmente orientado al turismo joven y de aventura.
La experiencia que más destaca
Cuando empieza a bajar el sol llega el gran momento: salir hacia las dunas en buggies.
Juan recuerda los vehículos tubulares recorriendo las dunas a gran velocidad y define la experiencia con una palabra que repite: adrenalina.
Después llegan hasta las dunas más altas para hacer sandboard. Incluso quienes no quieren bajar parados sobre la tabla pueden deslizarse de otra manera.
Y el cierre parece ser una de las imágenes que más le quedaron del viaje: al atardecer, los buggies de distintas empresas coinciden sobre las dunas, ponen música y esperan juntos la caída del sol en medio del desierto.